
Imaginemos que en la tienda del ejemplo descubren que en el pueblo sigue habiendo vecinos que valoran tanto la atención personal como para que sus balanzas de valor se inclinen favorablemente.
"A mí, qué quieres que te diga, me gusta este contacto con la gente, poder charlar, hablar de todo; es algo que no tiene precio y hace que ir a comprar sea más humano, más agradable."
En este caso el empresario sabe cómo construyen los potenciales clientes sus balanzas y el peso que le conceden a cada elemento, y al final hay suficientes clientes de estas características como para que el propietario de la tienda pueda ganarse la vida.
Es obvio que para que la empresa sea viable tienen que existir suficientes clientes que valoren aquello que esta les ofrece. Esta es la tercera condición para el éxito empresarial:
Tiene que haber suficientes clientes que valoren aquello que les ofrece la empresa.