Historial
Después de muchos años dando clases particulares, Montse y Olga han decidido crear una cooperativa con varias personas más y profesionalizar sus servicios. Así pues, han ido buscando personas de diferentes ámbitos, de tal forma que ahora pueden ofrecer clases particulares de cualquier asignatura, tanto a niños de primaria como a universitarios, así como clases de música y de idiomas.
Anna, una estudiante de Bellas Artes que imparte las clases de dibujo, ha diseñado un cartel muy llamativo que se cuelga en tablones de anuncios de facultades, institutos, colegios, bibliotecas, ludotecas, centros cívicos, etc.
Al cabo de pocas semanas empieza a extenderse el desánimo: es cierto que están dando alguna clase, pero todas son a antiguos alumnos. Parece que los carteles no tienen el efecto deseado y todo el mundo empieza a culpar de ello a Anna. Pero ella no es la responsable del desastre.
Análisis del caso
El principal problema es la falta de concreción del concepto de servicio. Las emprendedoras han querido abarcar a una gran cantidad de público (desde niños de primaria hasta estudiantes universitarios, pasando por personas de cualquier edad que deseen recibir clases de música e idiomas), pero esta diversidad les perjudica, ya que por ejemplo: