
Hay dos tipos de costes: los costes variables y los costes fijos.
Los costes variables son aquellos que varían cuando varía el volumen de ventas. Es decir, si las ventas aumentan, los costes variables también aumentan, y si las ventas disminuyen, los costes variables también disminuyen. Un buen ejemplo de coste variable sería la comisión que se paga a un vendedor: cuanto más venda, más dinero en comisiones tendrá que pagarle la empresa.
Por el contrario, los costes fijos son aquellos que no varían con las ventas. Un ejemplo de coste fijo podría ser el alquiler de un local: por mucho que varíen las ventas, el alquiler siempre será el mismo. La suma de todos los costes fijos tiene que aparecer en la parte superior de la fórmula del punto muerto.
A pesar de que hay costes que son claramente fijos o variables, a veces su clasificación depende del tipo de empresa y de la actividad que lleva a cabo. En el apartado de artículos encontrará un listado de los costes más habituales de una empresa.