
A pesar de que cada proyecto y cada Plan de Empresa es diferente, hay toda una serie de errores y vacíos que aparecen con frecuencia.
Errores más habituales:
Falta de orientación hacia el mercado
Es bastante habitual realizar una orientación natural hacia el producto y una "no valoración" del mercado. Se trata de personas "enamoradas de su producto" que desconocen quién pueden ser sus clientes y que se han preocupado muy poco de buscar información sobre la demanda potencial del mercado.
Esta falta de orientación hacia el mercado, ligada a una infravaloración de la competencia, es un factor de alto riesgo para la vida de la nueva empresa.
Un producto no es una empresa
Normalmente es necesario pensar en toda una gama de productos para que una empresa pueda subsistir. Evidentemente hay que empezar por un producto, pero hay que tener en perspectiva el futuro desarrollo de nuevos productos que permitan el desarrollo de la empresa a lo largo de los años. Una cosa es el inventor que crea un nuevo producto y otra muy diferente el empresario que introduce y/o comercializa un conjunto de productos. Habrá inventores que serán capaces de dar el salto y convertirse en empresarios; otros, simplemente venderán la patente de su invento. Hay que tener muy claro en qué situación se encuentra cada uno.
Desconocimiento del sector
Si cada casa es un mundo, cada sector de actividad es un universo. Dentro de cualquier sector hay una serie de variables (productos, clientes, proveedores, normas reguladoras, competencia, nivel tecnológico...) que es necesario conocer en profundidad antes de lanzarse a montar una nueva empresa. Siempre que sea posible se recomienda haber trabajado antes en el sector en el que se quiere crear la empresa. Aprender sobre la marcha, con la empresa ya creada, puede tener un coste muy elevado.
Recursos inadecuados
Existen proyectos similares que tienen éxito o fracasan dependiendo de la estructura financiera con la que cuentan. Debe haber una correlación directa entre el volumen del negocio que se quiere poner en marcha y los recursos de los que se disponen. Normalmente, alargar más el brazo que la manga resulta peligroso.
También resulta difícil conseguir financiación externa de bancos, cajas, inversores, etc., si la propia persona emprendedora no invierte en el proyecto (ya sea con recursos propios o haciendo participar a su entorno más cercano). Parece lógico pensar que personas o instituciones externas no asumirán riesgos en un proyecto en el que el propio promotor tiene reticencia a invertir.
Poca o nula orientación hacia la clientela
Consiste en no incorporar la opinión, las preferencias o los gustos de la clientela en la estrategia y la operativa cotidiana de la empresa. Un ejemplo de este motivo de fracaso sería el del tendero que no muestra empatía hacia su clientela, que se queja de sus peticiones, que fija unos horarios poco adecuados, etc. En general se trata de personas poco abiertas a incorporar la opinión de los demás.
Estrategia de precios errónea
Habitualmente, muchas personas emprendedoras tienen problemas para vender sus productos o servicios al iniciar su actividad, por lo que adoptan una estrategia de bajada de precios que tiene un efecto fatal sobre sus cuentas de resultados y su tesorería. En otros casos, el error en la fijación de los precios es fruto de equivocaciones en el cálculo de los costes o en la observación de los precios de la competencia. Habrá que considerar si se han tenido en cuenta los precios de la competencia, si se han calculado los costes y el margen de beneficios del producto o servicio, o si se ha establecido una estimación de ventas realista.